martes, marzo 07, 2006

Carta del 7 de Marzo del 2006


El verano se hunde en pensamientos añejos como mis palabras. Y estos días que nada dicen, que nada quieren, que ningún secreto guardan en su hojarasca de cárcel, estos días que quieren ser otros para que nadie los llame por su nombre, estos días que nada dejan por que nada los recuerda. Que importa que nos duelan, que nos amenacen de mañana y nos sepulten cada noche, que importa que seamos sólo transitar amargo por la esfera inútil del reloj, que importa que nos roben lágrimas a destajo y sólo nos dejen sonrisas petrificadas en un rostro que se endurece a cada segundo, miserias de felicidades que se deshacen por este calor absurdo de estos días crueles como destino revelado.
Mejor clausuramos la mirada. Y por ahí encontramos un camino, un callejón tan evidente que hasta parece un absurdo que no lo hayamos visto, si hasta parece un engaño. Mejor no arriesgar lo poco que queda y echar sólo un vistazo primero.... Y si no queda salida?... mejor comenzar con volver los recuerdos a los días extintos para aferrarnos al madero de la nostalgia que nos mantiene a flote, si fuese cierto hasta me permitiría el libertinaje de volver a soñar con las frías gotas de las memoria trayendo de regreso los nombres olvidados y los rostros de desconocidos que llamamos amigos y luego reabrir de a poco la mirada para rescatar del armario de las primeras cosas la tristeza de los aromas de lugares extintos por su ausencia .
Y olvidar que recordamos para vivir del olvido
Y Recordar para saber que olvidamos
Y enmudecer las excusas de los labios pálidos de la única que supo adivinar el color tras el alma. De seguro aún sonríe aunque sea frente al espejo. Ha leído Sam Shepard que a estas alturas algo ha de decirle y es probable que ahora extrañe todos los desiertos del mundo y es probable que también quiera certezas incorregibles, que añore un poco del vacío que entrega la noche de marzo con sus brisas repentinas y desteñidas que rozan su piel ajena y marchita. Sabe también de los paseos en noviembre por la Recoleta,....y como le gusta la mirada helada de Liliana....pero sabe también que eso duele a la altura del pecho, como si ese círculo de huesos fuese a reventar de tanta nostalgia disfrazada.
Y esta apatía que es sólo una forma de conformismo.
Y los días que se estancan como el agua turbia a la altura del desagüe.
Y los pies que no sirven más que para observarlos en los días de lluvia. Pero no hay lluvias en febrero. Y Esta sensación tan desconocida tiene rostro de pequeña muerte, hasta parece que se burla del pánico que ya quiere asomarse, que ya se siente a la altura del vientre y como que se agota el aire, como que se duermen los sentidos, como que amenaza con envolvernos en su atmósfera de amnesia, mejor el olvido que el recuerdo, me repito de a poco,...maldito cobarde, si pudiera tomarte por el cuello, te arrancaría las lagrimas verdaderas que se te secan en el desierto del egoísmo.

...y entonces,...entonces mejor el silencio, por que bien podríamos querer delinear el divagar de estos días con el grueso pincel de la incertidumbre para no caernos de costado en la acera húmeda. Mejor la mentira que nos convence que existe, mejor el caminar altanero y la actitud hidalga entre las calles de Santiago, mejor el rostro de feudo, los ojos perdidos, la sonrisa de catálogo y los puños cerrados en los bolsillos, a ver si caminamos sin regreso, a ver si no sentimos mas nudos en el del cuello que el de la corbata, esa que mágicamente combina con el color del alma que traemos a cuestas, contrapuesta y falsa como sonrisa de Miss Chile.

....Y entonces las rodillas son un lugar tan incierto, tan cerca del suelo como del cielo,
....y entonces nada es tan bueno como el silencio, ese de antes...en los días de septiembre... en la casa de la abuela muerta y estos segundos que se parecen tanto, y quieren ser tan callados, tan muertos, tan inocentes, como antes eran,...antes de todo, ...antes del fuego, ...antes del dolor...

1 Comments:

Blogger Agnes said...

Tan amargas tus palabras, conteniendo dolores no expresados, palabras no dichas.
Las rodillas estan mas cerca del suelo que del cielo, testigos de tu recorrido.

8:46 p. m.  

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