MEMORIA EN EL ROPERO
El invierno es ajeno
Casi no lo recuerdo
Como así los recuerdos casi no nos imaginan
Caminando junto al pozo sin fondo donde lanzábamos los
deseos en papeles rotos desde el cuaderno que no volveríamos a abrir
El tiempo nos robó los pasos
Y los paso robados nos llevaron mas lejos
Y ahora la distancia perdida y lejana trata de ser un verbo
Aunque ninguno de los dos, ni tu ni yo, ni quien lo deseé, lo
queramos
Aunque perdamos el sentido de la mañana y el atardecer-
Frente a lugares que
los enamorados tanto añoran, con lágrima secas que sueñan húmedas sobre los ojos,
Como cómo tu descanso
sobre mi sueño, piensa en lo que no hay,
Tan Simple, como el despertar entre silbidos de aves cuyos
nombres muchas veces desconocemos.
Ajenos como el tronar de la noche o el crepitar del fuego
que dejó su calor, en horas dispersas frente al futuro de la nostalgia que es
vigilia, de lugares perdidos, pisadas desvanecidas y palabras no dichas, por no
ser.
Nos fundimos en estas calles de piedra para esquivar recuerdos
de teléfonos que suenan en habitaciones vacías[1]
Nos perdimos en la noche para encontrar la mañana.
Somos muñecos desechos.
Mas muertos que el tipo verde que nos invita a cruzar la
calle
Somos sal y cielo
Somos el deseo y el temor mismo
El miedo perpetuo de que la muerte tenga sus días contados
para quien respira y teme dejar de hacerlo
Para quien despierte al alba con el temor de que nuestros
nombres figuren como réquiem a la espera
Espera suficiente para dar lugar a la espera compasiva de un
lugar que baste
al menos para ser recitado,
Al menos,
En estas palabras

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