jueves, febrero 02, 2017

MEMORIA EN EL ROPERO

El invierno es ajeno
Casi no lo recuerdo
Como así los recuerdos casi no nos imaginan
Caminando junto al pozo sin fondo donde lanzábamos los deseos en papeles rotos desde el cuaderno que no volveríamos a abrir
El tiempo nos robó los pasos
Y los paso robados nos llevaron mas lejos
Y ahora la distancia perdida y lejana  trata de ser un verbo
Aunque ninguno de los dos, ni tu ni yo, ni quien lo deseé, lo queramos
Aunque perdamos el sentido de la mañana y el atardecer-
Frente a  lugares que los enamorados tanto añoran, con lágrima secas que sueñan húmedas  sobre los ojos,
Como cómo tu  descanso sobre mi sueño, piensa en lo que no hay,
Tan Simple, como el despertar entre silbidos de aves cuyos nombres muchas veces desconocemos.
Ajenos como el tronar de la noche o el crepitar del fuego que dejó su calor, en horas dispersas frente al futuro de la nostalgia que es vigilia, de lugares perdidos, pisadas desvanecidas y palabras no dichas, por no ser.
Nos fundimos en estas calles de piedra para esquivar recuerdos de teléfonos que suenan en habitaciones vacías[1]
Nos perdimos en la noche para encontrar la mañana.
Somos muñecos desechos.
Mas muertos que el tipo verde que nos invita a cruzar la calle
Somos sal y cielo
Somos el deseo y el temor mismo
El miedo perpetuo de que la muerte tenga sus días contados para quien respira y teme dejar de hacerlo
Para quien despierte al alba con el temor de que nuestros nombres figuren como réquiem a la espera
Espera suficiente para dar lugar a la espera compasiva de un lugar que baste
al menos para ser recitado,
Al menos,

En estas palabras




[1] sumo

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