LA DUEÑA DE LA SOLEDAD
En las nubes......Carla, en las nubes....
Para que, entonces, buscar entre la niebla donde el único recuerdo cuerdo para los oídos es el eco de las carretas que duermen entre el heno de pueblos que abandonaste hace tantos trenes,
Todo el tiempo tiene un "antes" que transformar en memoria,
y un "adelante" con rostro de promesa inconclusa.
Pero tu no crees ni en las horas ni en los despertares de los otros
Tus dominios son el vacío que tanto temen aquellos que lo observan, con temor irreverente desde la cornisa que lo ampara.
Nadie quiere transitar hoy por la tierra de la nostalgia,
Ni vivir bajo la noche abandonada del desconsuelo.
Por que no existen las invenciones que desencadenen los viejos conceptos que sacrifican los caminos que transitamos, esos que solo acercan lo lejano a cada paso.
Pero tu no temes ni al Negro que todo lo oculta,
Ni al Blanco donde todo se dibuja.
Por que vives en la tierra despoblada de pasos y extraviada de silencios,
Donde el único sonido cierto es el del aroma de los colores.
¿Que confianza innombrable te abarca entre naves de iglesias que se derrumban y pasillos eternos de hospitales donde nada resuena?
Desnudos de rencores y desconsuelos que ayer dejaron de ser, por no tener el derecho que obsequia una mirada, ese de existir por simple contemplación.
Tu no despertaste cuando sonaron las alarmas que hicieron que todos huyeran hacia lugares desconocidos hasta por sus propios habitantes.
Por que tu sueño era eterno como la lágrima que se resecó con el tiempo en tu mejilla izquierda, por tantas esperas sin pupilas con que mirar.
Y no quieres despertar en tiempos de adviento, sino tan solo creer que aún quedan espacios vacíos entre los suspiros de una multitud,
Y finalmente largarse a caminar por el llano vacío donde ya no existen caminos ni esquínas,
Solo el perpetuo deseo de reencontrarse escuchando tras las paredes del laberinto, para ver si tus propios pasos resuenan al otro lado, donde alguien más oye a través de las paredes, para seguir tu eco hasta tomarte de la mano, y volver a ser una entre tanto desarraigo,
Una al fin y al cabo,
La misma que sabe que las nubes juegan a ser ovejas mientras duermes, y que espera al fin y al cabo por una sola voz que retorne desde el eco que ya calló hace tiempo, tanto tanto tiempo...
Allá entre las nubes.

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